- La capital tamaulipeca vivió una noche de fervor patrio, con miles de familias reunidas para recordar la Independencia; Calabazo Villegas llama a mantener viva una tradición que pasa de generación en generación.
Por Julio Manuel Loya Guzmán.
Cd. Victoria, Tamaulipas.- Primero llegaron las familias. Luego las banderas, los sombreros, los antojitos y los celulares listos para grabar.
Y cuando la noche cayó sobre Ciudad Victoria, la Plaza Juárez ya estaba convertida en una enorme fiesta mexicana.
Niños con trajes típicos corrían entre la gente; jóvenes ondeaban banderas; padres y abuelos buscaban un buen lugar para mirar el escenario. El olor de los antojitos se mezclaba con la música y el murmullo de miles de asistentes que esperaban el momento principal.
El Grito.
La celebración del 216 aniversario del inicio de la Independencia tuvo en la capital tamaulipeca su propia postal: una plaza llena, familias juntas y una noche que terminó entre fuegos artificiales y música mexicana.
Desde el Palacio de Gobierno, el gobernador Américo Villarreal Anaya tomó la bandera y salió al balcón.
Abajo, la multitud esperaba.
Entonces sonó la campana.
Y llegó el grito.
—¡Viva la Independencia de México!
La respuesta fue inmediata.
—¡Viva!
Villarreal recordó a Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos, Josefa Ortiz Téllez Girón, Ignacio Allende, Leona Vicario, Vicente Guerrero y Mariano Matamoros.
También pronunció los nombres de personajes también ligados a la historia: Isadora Ovalle, Felipe de la Garza Cisneros y José Bernardo Gutiérrez de Lara.
Después levantó la voz:
—¡Viva Tamaulipas!
La plaza respondió.
—¡Viva Tamaulipas!
Y enseguida:
—¡Que viva México!
Otra vez la multitud.
—¡Viva México!
Por unos segundos, el Palacio de Gobierno, la plaza y las calles alrededor parecieron convertirse en una sola voz.
La fiesta apenas comenzaba
El protocolo terminó, pero la noche apenas empezaba.
Las pantallas instaladas en la plaza conectaron con Palacio Nacional para acompañar la ceremonia encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Mientras tanto, en Victoria las familias siguieron con la fiesta.
Subió al escenario el Tempus Quartet, ensamble originario de Tampico. Después tocó el turno a la cantante reynosense Aglaé Salinas.
Los aplausos fueron creciendo.
Pero faltaba el espectáculo que muchos esperaban.
El cielo se encendió.
La pirotecnia comenzó a estallar sobre la capital tamaulipeca y, casi al mismo tiempo, cientos de teléfonos aparecieron sobre las cabezas.
Los niños señalaban hacia arriba.
Los adultos grababan.
Las familias aplaudían.
El estruendo de los cohetes se mezclaba con los gritos de la gente mientras las luces dibujaban figuras sobre la noche victorense.
Por unos minutos, nadie miró el escenario.
Todos miraron al cielo.
Aída pone el broche
Cuando parecía que la noche ya había entregado su momento más espectacular, apareció Aída Cuevas.
La intérprete de música tradicional mexicana tomó el escenario y cambió el ritmo de la celebración.
Vinieron las canciones, los aplausos y las voces del público acompañando algunas de sus interpretaciones.
La plaza seguía llena.
Y en medio de la música estaban las familias que habían llegado desde temprano para vivir una noche que, más allá de la ceremonia oficial, terminó siendo un encuentro entre generaciones.
Sobre esa convivencia habló el Secretario General de Gobierno, Héctor Joel Villegas González, quien, acompañado de su esposa, Malena Rodela, destacó el significado de las fiestas patrias.
“México tiene una historia de lucha, valentía y amor por la Patria que nos une y nos llena de orgullo”, expresó.
Para el funcionario, la Independencia forma parte de la identidad nacional y estas celebraciones permiten transmitir a las nuevas generaciones el significado de aquellos acontecimientos.
Y la noche pareció darle la razón.
Porque la historia no estuvo solamente en los nombres de los héroes ni en el repique de la campana.
Estuvo en los niños que ondeaban banderas.
En los abuelos que compartían recuerdos.
En las familias alrededor de una mesa.
En los antojitos.
En las canciones.
En los celulares apuntando al cielo.
Y en una plaza entera que, entre luces, música y aplausos, terminó gritando una vez más:
¡Viva México!


